jueves, 18 de marzo de 2010

La Historia De Latiff.

Latiff era el mendigo más pobre de la aldea. Cada noche dormía en zaguán de una casa distinta, frente a la plaza del pueblo. Cada día tenía un breve descanso bajo un árbol distinto, con mano extendida y perdido en sus pensamientos.

Cada noche comía de las limosnas o las migajas que alguna persona caritativa le traía. Sin embargo, a pesar de su aspecto y la manera en que pasaba sus días, Latiff era considerado por todos como el hombre más sabio del pueblo, no tanto por su inteligencia, sino por lo que había vivido.

Una soleada mañana el rey apareció en la plaza, rodeado por sus guardias, caminando entre los frutos sin buscar nada en especial. Riendo ante los mercaderes y compradores, el rey y su séquito tropezaron con Latiff, quien dormitaba a la sombra de un roble. Alguien le dijo al rey que estaba frente al más pobre de sus súbditos, pero también ante uno de los hombres más respetados debido a su conocimiento.

El rey, divertido, se acercó al mendigo y le dijo: "Si puedes contestar mi pregunta, te dare esta moneda de oro". Latiff la miró y casi con desprecio le contestó: "Usted puede quedarse con su moneda, ¿qué haría con ella de todas maneras? ¿Cuál es su pregunta?"

El rey se sintió desafiado por la respuesta y en vez de una pregunta banal, le hizo una que le estaba molestando por días y que no podía resolver; un problema de bienes y recursos que los analistas no habían podido solucionarle. La respuesta de Latiff fue sabia y creativa. El rey se sorprendió; dejó la moneda a los pies del mendigo y continuó con su camino al mercado, reflexionando sobre lo ocurrido.

Al día siguiente regresó directamente a donde descansaba Latiff; esta vez bajo un olivo. Otra vez el rey le planteó una pregunta y nuevamente Latiff la contestó rápida y sabiamente. El rey volvió a sorprenderse ante tanta inteligencia. En un acto de humildad, se sacó sus sandalias y se sentó enfrente de Latiff.

"Latiff, te necesito", dijo el rey. "Estoy abrumado por las decisiones que un rey tiene que tomar. No quiero lastimar a mi pueblo y tampoco quiero ser un rey malo. Te pido que vengas al palacio y seas mi consejero. No temas; te prometo que serás respetado y que podrás irte cuando quieras... por favor".

Ya sea por compasión, por servir o por la sorpresa, Latiff, tras pensarlo un poco, aceptó la propuesta del rey. Esa misma noche Latiff llegó al palacio donde inmediatamente le asignaron un lujoso cuarto. El cuarto estaba cerca al del rey y tenía una tina llena de esencias y agua tibia esperándole.

Durante las siguientes semanas las consultas con el rey se tornaron habituales. Cada día en la mañana y en la tarde, el monarca consultaba a su nuevo consejero sobre problemas de su reino, de su propia vida o de sus dudas espirituales.

Latiff siempre contestaba con claridad y precisión y se convirtió en el vocero favorito del rey. Tres meses tras su arribo, no había decisión que el monarca tomase sin consultar primero a su apreciado consejero. Obviamente esto desató el celo del resto de los consejeros. Veían en el mendigo una amenaza a su propia influencia.

Un día, todos los consejeros pidieron una audiencia privada con el rey. Muy cautelosos y con gravedad le dijeron: "Su amigo Latiff está conspirando para destronarlo a Ud." El rey dijo: "No puedo creerlo".

"Puede confirmarlo con sus propios ojos", le dijeron. "Cada tarde, como a las cinco, Latiff se escabulle del palacio hacia el ala izquierda y entra en un cuarto oscuro. Se reúne con alguien en secreto, aunque no sabemos con quién. Le hemos preguntado dónde va todas esas tardes pero nos da respuestas evasivas. Su actitud nos alertó con respecto a la conspiración".

El rey se sintió defraudado y lastimado. Tenía que confirmar este informe. Esa tarde como a las cinco, esperó a Latiff bajo las escaleras. Vio a Latiff llegar a la puerta y mirar a su alrededor, con una llave colgando de su cuello. Abrió la puerta de Madera y se escabulló secretamente en la habitación. "¿Lo vio?" los otros consejeros le gritaron. "¿Lo vio?"

Seguido por su guardia personal, el monarca tocó a la puerta. "¿Quién es?" preguntó Latiff desde dentro. "Soy el rey", contestó, "ábreme la puerta".

Latiff abrió la puerta. No había nadie dentro, excepto Latiff. No había otras puertas o ventanas, no había accesos secretos o moblaje alguno en que alguien pudiese ocultarse.

Dentro de la habitación solo había una plato desgastado de madera; en una esquina, un bastón y en el centro del cuarto, una tunica raída colgando de un gancho en el techo. "¿Estás conspirando contra mí, Ltiff?" preguntó el rey.

"¿Cómo podría, su Majestad?" contestó Latiff. "De ninguna manera. ¿Por qué lo haría? Hace tan solo seis meses, cuando llegué, lo único que tenía era esta túnica, este plato y este bastón. Ahora me siento tan cómodo en la ropa que visto y con la cama en que duermo, me siento tan honrado por el respeto que me brinda y tan fascinado por el poder que me ha concedido... de estar cerca de Ud... que cada día vengo aquí para tocar esta vieja túnica para asegurarme que recuerde... quién soy y de dónde vengo.

Muy cierto. Nunca debemos olvidar quiénes somos y de dónde venimos. La vida da vueltas y bien pudiéramos regresar al mismo lugar.

Jorge Bucay, escritor argentino
Fuente: www.motivateus.com

Queridos Hermanos:

No cabe duda que nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza si pudiésemos mantenernos agradecidos a Dios por las bendiciones que nos han sido otorgados, aún sin merecerlas. Y es que mucho de lo que alcanzamos de este lado del cielo no es tanto por nuestro esfuerzo y duro trabajo (que ciertamente juegan un papel importante) sino por la gracia divina. Si miramos a nuestro alrededor, no pasará mucho tiempo para que descubramos a otros que trabajan más duro y se esfuerzan más que nosotros y sin embargo, no cosechan nuestros triunfos. ¿Nos hemos preguntado alguna vez por qué?

En vez de concluir que somos especiales, ¿por qué no más bien reconocer que tenemos un Dios fuera de serie que se place en bendecirnos? Ojalá que sepamos no sólo atesorar sino aplicar la moraleja de esta anécdota... adelante y que el Señor les bendiga.

Raúl Irigoyen.

Fuente: www.RenuevoDePlenitud.com

lunes, 15 de marzo de 2010

Dios Sabe

Cuando estás cansado y desanimado tras esfuerzos infructuosos,
Dios sabe cuán duro lo has intentado.

Cuando has llorado por mucho tiempo y tu corazón está angustiado,
Dios ha contado tus lágrimas.

Si sientes que tu vida está estancada y que el tiempo te está pasando de largo,
Dios te está esperando.

Cuando te sientes solo y los amigos están tan ocupados que ni siquiera pueden llamarte por teléfono,
Dios está a tu lado.

Cuando piensas que lo has intentado todo y no sabes qué dirección tomar,
Dios tiene una solución.

Cuando nada tiene sentido y estás confundido o frustrado,
Dios tiene la respuesta.

Si de repente tu futuro se ve brillante y encuentras trazos de esperanza,
Dios te lo ha susurrado.

Cuando las cosas van bien y tienes mucho por lo que estar agradecido,
Dios te ha bendecido.

Cuando algo gozoso te pasa y estás lleno de agradecimiento,
Dios te ha sonreído.

Cuando tienes un propósito en la vida y un sueño que seguir,
Dios ha abierto tus ojos y te ha llamado por tu nombre.

Recuerda que donde quiera que vayas o ante cualquiera cosa que enfrentes,
DIOS SABE.

Autor desconocido
Dios todo lo sabe y está a tu lado para siempre sostenerte. Dale gracias a Dios por todo y en todo y recuerda, él está en control de todo.

¿No demandaría Dios esto? Porque él conoce los secretos del corazón. Salmo 44:21

Dios, tú conoces mi insensatez, Y mis pecados no te son ocultos.Salmo 69:5

Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación. Luc 16:15


Fuente: www.RenuevoDePlenitud.com

sábado, 13 de marzo de 2010

Amistad Agradecida

Ahora también es el momento de tener un recuerdo agradecido.

Son muchos quienes a lo largo del año pasado han dejado su huella en ti.
Experiencias sobre las que puedes recordar nombres. Quizá algunos te hayan lanzado a una aventura para sacar algo de ti y despertar tu "yo dormido", conseguir aquello que te parecía imposible, cambiar, crecer y madurar.

Descubrir en ti las huellas de "otros amigos" encontrados a lo largo del camino, todo esto motivo de alegría y gratitud. Es motivo de gratitud el que hayas podido experimentar a Dios, creer en la vida y en tu capacidad de encuentro, creer que alguien haya podido ayudarte a descubrir lo mejor que existe dentro de ti.

Agradece a:

Aquellos que desde su manera de ser, te ayudaron a ser más humano, más sencillo, más sensible a las cosas de Dios.

Aquel que inesperado y oportuno supo escucharte comprensivo.

Aquellos con quienes compartiste tus ratos de juego.

Aquel que te ayuda a revelar tu riqueza interior.

Aquel que con su gran bondad te hizo ser sencillo.

Aquel que descubriste un día y "se quedó en ti".

Aquel que corrigiéndote con cariño te hizo caminar.

Aquel que con su vida incansable te animó a luchar.

Aquel que sin cansancio siempre esperó lo mejor de ti.

Aquel que te exigía siempre haciéndote crecer en la grandeza.

Aquel que te hace sentir importante cuando necesita de ti.

Aquel que estando lejos lo sentiste cerca.

Aquel que con su desacuerdo te hace descubrir tu verdad.

Aquel que sabes que te quiere y siempre te espera.

Aquel que siempre te anima a ver lo positivo.

Aquel que te quiere como eres animándote a crecer.

Aquel que con su necesidad de ti hizo que te sintieras "único"

Aquellos que con su experiencia interior te ayudaron a conocer a Dios y te anunciaron la buena noticia de que:

DIOS ES TU MEJOR AMIGO Y TE AMA.

Agradecimiento es una nota del alma que produce el mejor concierto en el espíritu.

Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. Col 3:15

Para exclamar con voz de acción de gracias, Y para contar todas tus maravillas. Sal 26:7

Fuente: www.RenuevoDePlenitud.com

viernes, 12 de marzo de 2010

Retrato de si Mismo

Después de años de trabajar en Roma, en esculturas de tamaño natural, Miguel Ángel fue a Florencia donde un gran bloque de mármol de Carrara de un blanco espléndido, había sido obtenido para una estatua colosal. En semanas él firmó un acuerdo para completar su interpretación de David para la catedral. Con el contrato en mano, comenzó de inmediato, trabajando con tal energía que a menudo dormía con sus ropas puestas, molestándole el tiempo que tomaba quitárselas y ponérselas de nuevo. Examinó sin faltas y midió a precisión el mármol para ver qué pose podría acomodar. Hizo bosquejos de posibles actitudes y con cuidado, trazó dibujos detallados de modelos. El probó sus ideas a pequeña escala con cera. Cuando al fin quedó satisfecho con su diseño, levantó su cincel y mazo.

Miguel Ángel planeó pintar el techo de la Capilla Sextina con la misma intensidad. Apenas le tomó un mes para desarrollar el tema, luego se lanzó con furor hacia el diseño final, construyendo andamios y contratando ayudantes. Acostándose en ángulos incómodos sobre duras tablas, respirando el sofocante aire que estaba justo debajo de la cripta, el polvo del yeso irritando sus ojos y piel, pasó la mayoría de los siguientes cuatro años, literalmente transpirando en angustia física mientras trabajaba.

La obra de cualquier hombre ya sea literatura, música, pintura, arquitectura o cualquier cosa, siempre es un retrato de si mismo.

¡Qué tu puedas hacer tu trabajo con el mismo entusiasmo apasionado!

Nehemías 8:10
La alegría del Señor es vuestra fortaleza.


fuente: www.RenuevoDePlenitud.com

martes, 9 de marzo de 2010

La Ultima Lagrima‏

Allí estaba, sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda; gorra marrón, manos arrugadas sosteniendo un viejo bastón de madera; pantalones que arremangados dejaban libres sus pantorrillas y una camisa blanca, gastada, con un chaleco de lana tejido a mano. El anciano miraba a la nada. Y el viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto que me fue muy difícil acercarme, a preguntarle, o siquiera consolarlo.

Por el frente de su casa pasé mirándolo, al voltear su mirada la fijó en mi, le sonreí, lo saludé con un gesto aunque no crucé la calle, no me animé, no lo conocía y si bien entendí que en la mirada de aquella lágrima se mostraba una gran necesidad seguí mi camino, sin convencerme de estar haciendo lo correcto.

En mi camino guardé la imagen, la de su mirada encontrándose con la mía. Traté de olvidarme. Caminé rápido como escapándome. Compré un libro y tan pronto llegué a mi casa, comencé a leerlo esperando que el tiempo borrara esa presencia... pero esa lágrima no se borraba... Los viejos no lloran así por nada, me dije.

Esa noche me costó dormir; la conciencia no entiende de horarios y decidí que a la mañana volvería a su casa y conversaría con él, tal como entendí que me lo había pedido. Luego de vencer mi pena, logré dormir. Recuerdo haber preparado un poco de café, compré galletas y muy deprisa fui a su casa convencido de tener mucho por conversar.

Llamé a la puerta, cedieron las rechinantes bisagras y salió otro hombre. ¿Qué desea? preguntó, mirándome con un gesto adusto. Busco al anciano que vive en esta casa, contesté. Mi padre murió ayer por la tarde, dijo entre lágrimas. ¡Murió! dije decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nubló y los ojos se me humedecieron.

¿Usted quien es? volvió a preguntar. En realidad, nadie, contesté y agregué. Ayer pasé por la puerta de su casa, y estaba su padre sentado, vi que lloraba y a pesar de que lo saludé no me detuve a preguntarle que le sucedía pero hoy volví para hablar con él pero veo que es tarde.

No me lo va a creer pero usted es la persona de quien hablaba en su diario. Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole más explicación. Por favor, pase. Me dijo aún sin contestarme. Luego de servir un poco de café me llevó hasta donde estaba su diario y la última hoja rezaba: Hoy me regalaron una sonrisa plena y un saludo amable... hoy es un día bello.

Tuve que sentarme, me dolió el alma de solo pensar lo importante que hubiera sido para ese hombre que yo cruzara aquella calle. Me levanté lentamente y al mirar al hombre le dije: Si hubiera cruzado de vereda y hubiera conversado unos instantes con su padre... Pero me interrumpió y con los ojos humedecidos de llanto dijo: Si yo hubiera venido a visitarlo al menos una vez este último año, quizás su saludo y su sonrisa no hubieran significado tanto.

Autor Desconocido

Si hubiera....si hubiera...si hubiera....Cuántas veces esas dos palabras han estado en nuestros labios. Tomemos la decisión de aprovechar cada oportunidad para amar, compartir y edificar a otros. Hoy...porque mañana puede ser tarde.

Has amado la justicia y aborrecido la maldad; Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros. Salmo 45:7

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. Juan 13:34

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Juan 15:12


Fuente: www.RenuevoDePlenitud.com

viernes, 5 de marzo de 2010

¿Cuál es tu identidad?

Imaginemos que nos encontramos con una persona que no conocemos y nos pregunta: ¿Cuál es tu nombre? ¿Cuántos años tienes? ¿A qué te dedicas? Y .. ¿Quién eres? …
Podemos pensar que ya hemos respondido esta pregunta, pero quiénes somos es una pregunta que trasciende el nombre, la edad, el género o la nacionalidad.
¿Cuál es nuestra identidad?

Desde un punto de vista psicológico puede decirse que identidad personal es la que hace que uno sea “sí mismo” y no “otro”. Se trata pues, de un conjunto de rasgos personales que conforma la realidad de cada uno y se proyecta hacia el mundo externo permitiendo que los demás reconozcan a la persona desde su “mismidad”, esto es, en su forma de ser específica y particular.

La individualidad sólo es posible cuando s e exterioriza la personalidad auténtica del ser humano, de manera tal que éste pueda reconocerse a sí mismo como parte de la humanidad en general y simultáneamente, como un ser único y diferente de los demás. Esto es pues, la identidad.

Algunos autores diferencian entre la identidad (en el sentido de identificación) que refieren a información cuantitativa y cualitativa que al ser observable y medible, puede asegurar que se trata de un individuo y no de otro, y la identificación personal que destaca los caracteres propios y distintivos que hacen que cada sujeto pueda diferenciarse de los demás, de esta manera, la identidad personal no se agota en la identificación.

¿Cuáles son los rasgos que nos definen? ¿Son, acaso, los rasgos con los que Dios nos ha definido?

“Así que, ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:7)

“Vosotros sois la luz del mundo; una c iudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14)

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mateo 5:13)

Si no somos lo que debemos ser perdemos nuestra verdadera identidad.
Nadie nos conoce mejor que nuestro creador y él sabe con el propósito con el que hemos sido hechos. Dios nos hizo a su semejanza para ser la luz y la sal de este mundo. Cuando estábamos muertos nos rescato y nos dio la vida eterna. Nos hizo sus hijos para anunciar la buena noticia. ¿Somos acaso estas cosas? ¿Son estos los rasgos de nuestra identidad? ¿Nos reconocen como luz y saben que nuestras acciones hablan de nuestro Padre?
Busquemos llegar a ser lo que debemos ser. Lo busquemos cada día como buscamos los alimentos y el agua para vivir.

Y cuando nos pregunten quienes somos podamos decir: soy hijo del Dios vivien te, heredero del Reino de los cielos, la luz que Dios puso en la tierra para alumbrar y la sal de este mundo. Que esta sea nuestra realidad. Amén.

Fuente:
www.iglesialatina.org

jueves, 4 de marzo de 2010

Reflexiones - Más que una Mamá

A una mujer de nombre Emily, al renovar su licencia de conducir en la Oficina de Tránsito, se le pidió que anotase su ocupación. Ella dudó, no estando segura de cómo clasificarse. Lo que quiero decir es, explicó el oficial, tiene Ud. un empleo?

Por supuesto que tengo un empleo, ripostó Emily. Soy una mamá.

No listamos mamá como una ocupación, pero ama de casa la cubre, dijo el oficial de manera enfática.

Me olvidé por completo de su anécdota hasta que un día me hallé en la misma situación, esta vez en nuestro propio municipio. La oficinista era obviamente una mujer de carrera, sobria, eficiente y poseída de un título extrambótico como Interrogadora Oficial o Inscriptora Municipal.

¿A qué se dedica? preguntó.

Qué me hizo decirlo, no lo sé pero las palabras simplemente me salieron. Soy una Asociada de Investigaciones en el área de Desarrollo Infantil y Relaciones Humanas.

La oficinista hizo una pausa, con su bolígrafo congelado en el aire, y levantó la mirada como si no hubiese oído bien. Repetí el título lentamente, enfatizando las palabras más significativas. Entonces observé asombrada cómo mi afirmación era escrita en tinta negra en el formulario oficial.

¿Pudiera preguntarle, dijo la oficinista con renovado interés, exactamente qué hace Ud. en su campo?

Fríamente, sin trazas de duda en mi voz, me escuché a mí misma contestar: Tengo un programa continuo de investigación (las mamás lo tienen), en el laboratorio y en el campo (normalmente hubiera dicho en interiores y exteriores). Trabajo en mi maestría (toda la bendita familia) y ya he logrado cuatro créditos (todas hijas). Por supuesto, el empleo es uno de los más demandantes en humanidades (¿pudiera alguna madre no estar de acuerdo?) y a menudo laboro 14 horas al día (en realidad, 24 es más real). Pero el empleo es más desafiante que la mayoría de las demás carreras y las recompensas son más satisfactorias que el sólo dinero.

Hubo una nota de respeto creciente en la voz de la oficinista mientras completaba el formulario, se puso en pie y personalmente me pasó por la puerta.

Al estacionarme en mi garaje, animada por mi nueva y glamorosa carrera, fui recibida por mis tres asistentes de laboratorio -con edades de 13, 7 y 3. En la planta alta podía oír a nuestro nuevo modelo experimental (un bebé de 6 meses), en el programa de desarrollo infantil, probando nuestro nuevo patrón vocal.

¡Me sentí victoriosa! ¡Había logrado un gol contra la burocracia! Y había ingresado a los registros oficiales como alguien más distinguido e indispensable a la humanidad que sólo otra mamá.

Ser madre!! ¡qué gloriosa carrera! Especialmente cuando hay un título en la puerta.

¿Convierte esto a las abuelas en Asociadas Mayores de Investigaciones en el área de Desarrollo Infantil y Relaciones Humanas y a las bisabuelas en Asociadas Mayores Ejecutivas de Investigación? ¡Así lo creo! También creo que eso convierte a las tías en Asistentes de las Asociadas de Investigaciones.

Autor Desconocido

Así es...muchas veces lo que se hace en casa no se valora, mientras que los títulos afuera si son aplaudidos. Sin embargo, no importa, si eres madre, eres uno de los más grandes títulos que existen, porque estas edificando generaciones futuras.

Mujer ejemplar, ¿dónde se hallará? ¡Es más valiosa que las piedras preciosas! Su esposo confía plenamente en ella y no necesita de ganancias mal habidas. Ella le es fuente de bien, no de mal, todos los días de su vida. Anda en busca de lana y de lino y gustosa trabaja con sus manos. Proverbios 31:10-13

Fuente: http://www.renuevodeplenitud.com/reflexiones-mas-que-una-mama.html